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CORPORATIVAS

El Racing, a través del Proyecto Victoria, imparte una formación al equipo educativo del Centro Botín

El objetivo es formar a los adultos que trabajan con menores para prevenir, detectar y actuar ante cualquier forma de violencia

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El Fútbol Educativo del Racing, a través del Proyecto Victoria, ha impartido una formación al equipo docente del Centro Botín dirigida a las personas con contacto habitual con niños, niñas y adolescentes. Esta formación responde a la obligación establecida por la Ley Orgánica 8/2021, que indica que toda persona adulta que trabaja con menores debe estar preparada para prevenir, detectar y actuar ante cualquier forma de violencia, y debe hacerlo con criterios aplicables y sostenidos en la práctica.

El club verdiblanco se ha consolidado como referencia en este ámbito y aborda entre sus enseñanzas los contenidos mínimos exigidos por la LOPIVI. Se trabaja la prevención de la violencia, la detección de situaciones de riesgo, la actuación ante indicios, el buen trato como base de toda relación, la identificación de factores de vulnerabilidad y los mecanismos para evitar la victimización secundaria.

La aplicación de estas medidas en su modelo permite trasladar a otros entornos cómo intervenir, cómo acompañar, cómo corregir y cómo tomar decisiones que afectan directamente al bienestar y al desarrollo de niños y niñas.

El foco, en la persona adulta

Los representantes de la Fundación Botín pudieron situar con claridad una idea que ordena el resto: La violencia hacia la infancia no es una excepción. Es una realidad presente en distintos entornos, también en aquellos que se consideran educativos o culturales. Por eso el foco no está solo en el menor, está en la persona adulta que está delante, en cómo actúa, en lo que permite, en lo que corrige y en lo que decide no ver.

El Proyecto Victoria trabaja desde esa exigencia. La infancia está en desarrollo y necesita condiciones que la protejan ya que el entorno no es neutro, puede favorecer el aprendizaje o bloquearlo. Esa diferencia la marcan las decisiones adultas. Formar a quienes tienen contacto habitual con menores no es añadir contenido, es asumir una responsabilidad que no se delega y que se ejerce cada día.