Bastaron unos instantes para que la cancha del estadio racinguista quedara bajo una alfombra blanca. Apenas unos minutos después de las doce del mediodía la infensa y constante granizada cayó sobre el terreno de juego. Eran gruesos granizos como garbanzos los que se abatieron sobre el rectángulo y cambiaron su fisonomía.
Coincidió la granizada con la finalización de los trabajos de abonado del césped realizados en las últimas horas, lo que obliga a preservar la cancha durante unos días. El recinto se ha visto sometido, durante las últimas fechas, a una intensa tarea de recuperación, con la instalación de cerca de 500 metros cuadrados de tepes o tapines de cesped natural en las bandas y áreas. Los granizos también afectaron a los aledaños del estadio.